Es en la segunda mitad del siglo XX, creadas las instituciones públicas para la cultura nacional -el INBA y la UNAM fundamentalmente- fue que pudo darse un resurgimiento vigoroso del teatro nacional.

A partir de ahí surgieron nuevamente varios intentos de integrar compañías estables que contribuyeran a la identidad nacional y crearan un repertorio. Pero no fue hasta 1961 que este proyecto, largamente acariciado y perfilado de alguna manera a lo largo de la historia, se realizó de manera parcial, cuando atendiendo a la invitación del Presidente Adolfo López Mateos, Celestino Gorostiza, entonces director del Departamento de Teatro del INBA, intentó levantar una Compañía Nacional de Teatro.

Luego de un paréntesis de diez años en los que institucionalmente fue madurando el proyecto, se dieron las condiciones que lo hicieron posible. Héctor Azar, titular de los Departamentos de Teatro de la UNAM y del INBA simultáneamente, lo echó a andar en 1971, con la intención de promover la profesionalización del teatro a un nivel que pudiera distinguirse de lo que hoy conocemos como teatro comercial.

El período presidencial de José López Portillo se caracterizó en materia teatral por la creación de diversas instituciones. Entre éstas destaca la creación en 1977 del Centro de Experimentación Teatral del INBA, del proyecto Teatro de la Nación y del decreto que creaba el Festival Internacional Cervantino. En este contexto, la Compañía Nacional de Teatro, a cargo de José Solé, abrió una nueva etapa a partir de su oficialización mediante el decreto presidencial publicado en el Diario Oficial de la Federación el 20 de julio de 1977.

Con una plantilla de 54 actores, 19 comparsas, 6 asistentes de dirección, 7 escenógrafos y 6 directores, la Compañía conformó dos grupos que se presentaban en los dos teatros sede: Jiménez Rueda y del Bosque. Al finalizar el sexenio, la Compañía había integrado un repertorio de 29 obras.

En 1987, la Dirección General del INBA fue ocupada por Manuel de la Cera. Con Germán Castillo como titular de la Dirección de Teatro, se inició una etapa de transición. La política de producción de la Compañía se movió en dos direcciones: el Programa Nacional de Teatro Itinerante y la Compañía Nacional en pleno, que funcionaba sin un elenco estable e instituyó el sistema de audiciones para la selección de repartos.

El 24 de febrero de 1989, Alejandro Luna asumió la Dirección de Teatro, una vez creados el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, órganos desconcentrados de la Secretaría de Educación Pública. Se instaló oficialmente la figura del Consejo Consultivo, que tenía entre sus funciones: recibir y estudiar los proyectos en propuestas para la escena por la comunidad teatral; estudiar la programación de los teatros y aconsejar sobre la construcción del repertorio de la Compañía Nacional de Teatro.

Con Ernesto Zedillo en la Presidencia, Mario Espinosa fue nombrado nuevo Coordinador Nacional de Teatro, cuya política estaba encaminada a construir una "nación teatral" a partir de dos proyectos básicos: el Programa Nacional de Teatro Escolar y el rescate de un "lenguaje estético" para la Compañía Nacional de Teatro. Con Enrique Singer como su director, la Compañía se esforzó por poseer un elenco nuclear conformado con actores que se repetían periódicamente y una programación constante.

Al ser nombrado como Coordinador Nacional de Teatro, Otto Minera en el 2000, el proyecto para la Compañía Nacional de Teatro consistía en la organización y seguimiento de tres ciclos: Nuestro Teatro, de producción de obras mexicanas; Arte y Sociedad, de reflexión sobre el arte teatral; y Otra Vuelta a los Clásicos, de montaje de obras de los grandes autores interpretadas por nuevos directores.

En el 2003, con la llegada de Enrique Singer a la Coordinación Nacional de Teatro se nombra por primera vez un director artístico de la Compañía Nacional: José Caballero. Se trabajó en dos direcciones: el Proyecto Shakespeare, donde distintos directores llevaron a escena obras emblemáticas del autor inglés; y el proyecto Mural: tres siglos de Teatro Mexicano, donde se montaron obras representativas de la dramaturgia nacional.

En el 2008, la Compañía Nacional de Teatro inició una nueva etapa con Luis de Tavira al frente, se integró un elenco estable que, mediante el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes proporciona estabilidad a los actores a través de becas de residencia artística, las cuales son revovables cada dos años, habiendo un máximo de estancia por categoría. Así mismo se planteó la construcción de un nuevo repertorio dividido en cuatro rubros. Además se estableció una sede de la Compañía Nacional de Teatro en Coyoacán y se conformó el equipo técnico.

Al término de la gestión de Luis de Tavira después de ocho años de labor dejó constancia de ese trabajo con la presentación de 59 puestas en escena.

Se realizaron 54 estrenos en la Ciudad de México, 9 estrenos en el interior de la República Mexicana, 1 estreno en Inglaterra, 1 estreno en España, 164 temporadas, 98 giras nacionales, 32 giras internacionales.

Se realizaron 2,416 funciones, hubo un total de 394,898 espectadores en 100 teatros en 43 ciudades de la República Mexicana y en 31 teatros en el extranjero.

A cuarenta años del decreto que le dió creación, la Compañía Nacional de Teatro ha sido vital para nuestra historial teatral. Inmersa en el devenir histórico de México ha estado sujeta a un sinnúmero de cambios, sin abandonar algunos de sus objetivos primordiales como impulsar nuestra dramaturgia y llevar a la escena autores de otras latitudes, intentando establecer un diálogo enriquecedor entre las propuestas y alcances de nuestros creadores.

 

 

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